Tuesday, August 18, 2015

SECTIO AUREA, Lithuanian Gold Coin, Golden Ratio









Tuesday, August 4, 2015

La famosa carta de Einstein a su hija Lieserl

 La autoría de la siguiente carta de Einstein a su hija Lieserl está en entredicho, pero sea o no de Einstein, es digna de ser leída por la belleza de su contenido:



El Amor

Mi querida hija:

Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los prejuicios del mundo. Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor.

Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc² aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor, multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.

Tu padre,

(Albert Einstein)

¿Qué tan importante es si estudio o no?

Desde que somos pequeños, se nos inculcan valores e ideas, pero también miedos, y todo esto en conjunto nos lleva a tomar decisiones en la vida, que a veces son adecuadas y a veces son erróneas. 



En la mayoría de los casos cuando son decisiones erróneas es porque las tomamos sin estar convencidos de querer llevarlas a cabo.

Se nos ha dicho que una de las preguntas más importantes en la vida es ¿Qué voy a estudiar?, y hasta nos hacen pensar que tener una vida futura buena o mala, dependerá de esta decisión. 

Sin embargo, estoy convencido de que más importante que esa pregunta son éstas otras: 

  • ¿A qué me quiero dedicar?
  • ¿Dónde quiero vivir?
  • ¿Cuáles son mis pasiones?
  • ¿Cuáles son mis talentos, para qué soy bueno?
  • Etcétera...

Se nos ha hecho creer que, para garantizar una buena vida y triunfar, es necesario estudiar, completar una licenciatura o ingeniería, realizar estudios de posgrado: maestrías, doctorados y post doctorados. 

Seguir las recomendaciones de los demás es, en muchos casos, una receta para el fracaso y la incomodidad personal, resultando en personas que hacen lo que no quieren de manera automática y sin sentido alguno, sólo por conseguir la manera de subsitir.

En la realidad, pareciera que el triunfo es distinto. Si no me crees, hazte las siguientes preguntas:

  • ¿A quién admiro: un científico, un artista, un vendedor?
  • De esas personas que admiro, ¿cuántos tienen estudios de ingeniería, licenciatura y posgrado?
  • ¿Mi admiración hacia ellos está relacionada con sus estudios?
  • ¿Ellos triunfaron gracias a sus estudios?
  • ¿Por cuál característica mía quisiera triunfar, o ser reconocido por los demás?
Existen muchos ejemplos de personas triunfadoras, donde ese triunfo no está ligado con si estudiaron o no y, en la mayoría de los casos, ese triunfo está relacionado con la convicción de hacer lo que a uno le gusta y le hace feliz.

Con estas palabras no quiero desalentar a nadie, por el contrario, mi interés es que antes de tomar una decisión acerca de si estudiar o no, o de qué estudiar, medita y tómate el tiempo que sea necesario para que definas qué rumbo debes seguir.

No dejes que los demás te influyan demasiado, porque todos opinamos de las vidas ajenas, pero nadie vive y siente por ti. Toma consejos, pero razónalos y sigue tu instinto.


  • ¿Quieres ser astronauta?
  • ¿Quieres ser vendedor?
  • ¿Quieres ser electricista?
  • ¿Quieres ser maestro?

Haz lo necesario para conseguir tus metas y lograr tus sueños, pero sobre todo, ¡haz lo que te haga feliz! y verás que te traerá satisfacción y resultados.

Carlos Montoya